Todavía con la sonrisa boba de la siesta en la cara, es costumbre en los pueblos el salir a la fresca. Provisto de una silla, en chanclas o, mejor aún, descalzo, el personal combate los rigores del calor de este final de agosto, saliendo a la puerta de sus casas a tomar la fresca. Allí la tertulia con vecinos y familiares se prolongará durante toda la tarde y parte de la noche, con un breve intervalo para la cena que, a menudo también, se hace en la calle.