Está en El Otro Lado. En esa parte del pueblo que queda en la otra ribera. Hay que cruzar el puente para llegar a lo que los vecinos llaman El Otro Lado. A la izquierda del camino alguien ha empleado un viejo televisor y unas antenas para esta instalación que hace que todo el que pasa por allí aminore la velocidad e incluso se pare unos instantes. Junto a ella, una pizarra. Para que, todo aquel que quiera, describa las emociones que siente al contemplarlo. De fondo, la naturaleza en su estado más puro contrasta con la pantalla vacía de luz y colores.
Por una vez, el televisor, es el elemento pasivo.